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Por Julio Andrés Pagano

 

Alumbrá con pasión para que se iluminen más corazones.


Estas son palabras simples, palabras puras, palabras llenas de amor, que viajan cantando y hermanando corazón con corazón. Su reluciente melodía evoca la excelsa belleza de un mundo sin fronteras, donde la paz es la bandera que nutre la vida como los rayos del Sol. Por gracia de un ángel, este mensaje besará tu espíritu con el celestial recuerdo de vibrar en Unidad. Juntemos las manos. Iluminemos el mundo. Comencemos a celebrar.

Los armónicos sonidos, que expanden estas letras, acuden para auxiliarnos a rememorar nuestro antiguo compromiso álmico de danzar en la oscuridad, iluminando el caos que a todos despertará. Tus células se electrizan, confirman que vinimos para alumbrar este singular momento planetario, de modo que la gran crisis se contemple como el instante sagrado para realinearnos, reencontrarnos y así volver a disfrutar de sabernos religados.

Conscientes de la diáfana frecuencia que eleva a la Tierra, hoy volvemos a reunirnos, volvemos a sentirnos, volvemos a festejar. Unamos nuestras manos para potenciar la llama que hará de este obstáculo otro escalón dorado en el camino de ascensión, tras derretir las sólidas corazas que sustentan la ilusión de que estamos separados. Somos familia. Somos hermanos. Aquí estamos, dispuestos a honrar nuestro acuerdo de brillar.

No existen las distancias ni tampoco las barreas cuando nos expresamos desde la luz interior, por eso ahora nos vamos entrelazando a partir del corazón, sincronizando las mejores intenciones para que refulja la trama donde el Ser Humano florece. Hagamos ya lo acordado. Celebremos la vida. Celebremos el cambio. Celebremos el resurgir de una humanidad más evolucionada, inteligente y libre, que dance, sienta y vibre en Unidad.

Nunca olvides que sonrío en tu bella sonrisa y bailás en mi interior, pues nos une un flujo cristalino que impregna todo con amor. Expresamos la mágica esencia pristina en infinitas formas divinas. Somos las gotas que reflejan los vivos colores de un asombroso arco iris que comienza a revelarse, emanando paz y felicidad. ¿Oís la melodía? Suena la danza del reencuentro. Dame tu mano, iluminemos el mundo. Comencemos a celebrar.


Por Julio Andrés Pagano

 


¿Qué estabas haciendo? ¿Me querés acompañar? Si mirás dentro de las palabras, me verás venir en un caballo alado a infundirte coraje. Hoy jugaré a ser un noble caballero de la orden sagrada del divino corazón, que por amor acude a tu encuentro para que viajemos. Este vuelo alquímico te ayudará a recordar. Le devolverá a tus ojos el brillo de tu espíritu guerrero. Sos luz. De pie, que falta muy poco. Internamente sabés que este juego ya lo jugamos. También sabés que triunfamos abriendo el corazón.

¿Te sorprende ver que siendo un caballero ya no lleve espada ni armadura? Es tiempo de paz. Este es el momento  en donde fluir, en vez de resistir, se convierte en la mejor estrategia para que la magia de la vida nos eleve con sus destellos dorados. Somos las hebras que conforman la trama por donde viaja la luz. Ya no más batallas, no más peleas. Conscientes de que el amor todo lo puede, es hora de sentir que estamos religados en la unidad del espíritu. Somos hermanos. Dame la mano, subí. Daremos un paseo.

¿Acaso ves que los árboles sostengan banderas? ¿Hay algún río que se ufane de ser frontera? Tampoco observamos que el viento lleve pasaporte ni escuchamos a las montañas decir: “Somos de tal país”. La naturaleza se expresa de manera unificada. El hombre no lo hace porque al cerrar su corazón quedó preso de la ilusión que lo muestra separado. ¿Querés ayudarme? En este viaje alado rociaremos las ciudades con la esencia de los corazones que han despertado y han recordado que vibramos en unidad.

En aquellas zonas en donde hay tristeza, esparciremos flores de loto -a modo de inspiración- para que nadie olvide que incluso en el barro se puede florecer sin perder la pureza.  Prometimos ayudar y eso es lo que seguimos haciendo al infundir aliento centrados en nuestro interior. La vibración del amor debe expandirse para llegar a los rincones en donde existan corazones que sientan el llamado a despertar. Vinimos a co-crear el cielo en la Tierra y así volver a celebrar la grandiosa alegría de sentirnos libres.

No hay límites en nuestro mundo interno, de ahí que hoy te haya visitado en este fantástico caballo alado para que mantengas vivo el sentido de nuestra tarea humanitaria. Por amor vinimos, por amor vivimos, por amor elegimos impulsar el ancestral recuerdo de sabernos Uno.  Confiá, queda muy poco. Celebro porque tenés el temple necesario para seguir iluminando desde tu paz interior. Sólo debemos fluir. Sabés que este juego ya lo jugamos, también sabés que triunfamos abriendo el corazón para sentir.


Por Julio Andrés Pagano

 


Aprendí de un mago anciano el antiguo arte de saber cuándo aparecer, para que brille en tu rostro una bella sonrisa que ilumine tus pasos. También me enseñó a crear, con palabras sencillas y puras, una sutil escalera que te lleva de la Tierra al Sol, de modo que recuerdes tu esencia divina en los momentos más críticos. Sentí, este instante es mágico. Sagrado. Hilvanaré estas letras, con la frecuencia del amor, para que los escalones cobren vida y tu cuerpo se eleve. Ascender es volver a Ser. Recuperemos la inocencia.

Hermosas flores, de radiantes colores y refrescantes aromas, están al pie de este sendero cristalino que hoy nos invita a subir para dejar de sufrir por las cosas mundanas. ¿Lo podés ver? Cada peldaño tiene el sensible y amoroso don de encender en tu corazón el recuerdo inmaculado de las cosas esenciales. A medida que subimos, sentimos que el cuerpo se ilumina y gana en liviandad, pues el cálido resplandor que vamos recibiendo despoja nuestras células de todo lo denso. Despacio, disfrutemos, no hay apuro.

La magia existe. Cada escalón también tiene la gracia de ayudarte a evocar las pruebas que pasaste en tu largo e intenso recorrido. Observá cómo las imágenes que aparecen en el piso van transmutando y dejan ver sus enseñanzas ocultas: la adversidad, el sufrimiento, la incertidumbre y la crueldad revelan que la confianza, la sensibilidad, la fe y la compasión estaban ahí, debajo del disfraz, para ayudarte a seguir creciendo. ¿Comprendés por qué es hora de celebrar? Muchas fueron las enseñanzas recibidas.

A medida que los rayos del Sol van recorriéndote, los dolores del cansancio desaparecen. Vivir en el mundo sin ser del mundo es nuestra tarea, sin embargo una y otra vez quedamos atrapado en la ilusión de creer que todo se limita a lo que experimentan nuestros sentidos. Es por eso que agradezco, de todo corazón, al sabio anciano que por amor me enseñó a crear -en la densidad de la materia- esta luminosa escalera que hoy nos ayuda a recordar que somos espíritus viviendo una increíble experiencia humana.

Entre tantos millones de personas, este mensaje te buscó para que tengas presente que todo pasa. No hay caos que pueda doblegarte. Sos luz, confiá. Continuá liberando tu esencia sanadora. Ascendemos a una nueva dimensión, tu espíritu lo sabe. Contemplemos la vida con los ojos del alma y apreciemos lo que resta de este apasionante y vibrante juego. Volvamos a sentirnos. Volvamos a lo simple. Volvamos a lo puro. Oí tu corazón. La vibración del amor nos llama a vibrar en Unidad. Recuperemos la inocencia.


Por Julio Andrés Pagano

 


Sabiendo que la Tierra resplandece al sentir la bella vibración que emana tu corazón, visité a un viejo amigo alquimista para que me ayude. ¿Sabés qué hizo? Transformó cada una de estas letras en delicados recipientes de cristal, para que el agua limpia y pura que ahora contienen te anime a seguir trabajando para que los seres humanos vivan unidos y despiertos, vibrando en el amor. Vamos por más. Con fe. El amor nos llama a seguir iluminado. Demos otro paso.

No dudes en continuar. Cada vez que renovás tu firme compromiso de servir, todo tu Ser se enciende y la trama de la vida relumbra. Si pudieses contemplar los esplendorosos destellos que emiten miles y miles de almas dando nuevos pasos por amor, quedarías desbordado por semejante belleza. Estás sumando. Estás transformando. Iluminás. Vivimos momentos de enorme trascendencia en donde tu aporte energético es vital, pues testimonia el gran cambio.

Estas instancias son decisivas. Internamente millones de personas deciden qué caminos tomar. Muchos creen que no hay opciones. Bajo el látigo del miedo, sistemáticamente se los limita a creer que sólo existe el dolor. Quienes pretenden que el temor se apodere de las calles saben que esa es la manera de impedir que los corazones vibren amorosamente, y que los dones y talentos se desplieguen. De ese modo manipulan, explotan y arrean potenciales humanos.

Sé de la importancia que tiene seguir peregrinando en este particular momento planetario, en donde todo pareciera estar dominado por el desconcierto, la frustración y la apatía. Fuiste llamado a religar. Fuiste llamado a despertar. Tu cuerpo podrá estar cansado, pero tu espíritu agradece; sabe que cumple con su sagrada misión de anunciarle a cada corazón que es hora de abrirse para florecer y celebrar en la luz de la nueva consciencia que nutre a la madre Tierra.

Quien ha transitado en la densa oscuridad de la inconsciencia conoce lo arduo que resulta abrir sendas de luz. Por eso, que las gotas de fe que portan estas letras te inciten a seguir andando. Centrado en tu interior, emitís ondas de amor que viajan, de Sol en Sol, anunciando al universo que despertamos. Ayudamos a parir la nueva humanidad. Aquí estamos. Ya no luchamos. Proclamamos que triunfó el amor. Amo tu entereza y la bendigo. Demos otro paso.


Por Julio Andrés Pagano

 


Cuenta una historia que en la Tierra hubo un hombre que vivió de manera rutinaria y murió lejos de los aplausos y los reconocimientos públicos, sin embargo ayudó a que millones y millones de personas pudiesen vivir en paz.

No se sabe cuál era su apellido. Se lo conoció como “Juan, el loco de las flores”. Hay quienes afirman que era hijo único y quedó huérfano desde muy joven. Dicen que eso fue lo que le imprimió a su mirada una profunda melancolía, que daba a sus grandes ojos marrones un tinte muy especial.

 Se desempeñó como empleado del Estado. Su tarea era rutinaria, asfixiante en algunos casos. Día tras día atendía largas colas de quejas que parecían calcadas. Soportar una carga vibracional tan densa era un tortuoso ritual deshumanizante. Sin embargo, Juan sabía que al menos de ese modo podía pagar sus cuentas a fin de mes, y eso lo animaba a juntar coraje para levantarse de la cama y regresar al trabajo cada mañana.

Muchas veces se preguntaba cuál era el sentido de su vida, ya que todo parecía transcurrir dentro de un círculo que conducía a más y más de lo mismo, sin embargo no encontraba la respuesta. Su barrio era gris, lleno de smog e incesante ruido. Vivir en la zona céntrica de una enorme ciudad tenía sus beneficios a la hora de transportarse, pero restaba calidad de vida. Casi no cruzaba palabras con sus vecinos, porque todos estaban apurados corriendo detrás de sus deseos.

Entre tantos edificios modernos, su modesta casa parecía aún más pequeña. Por su estilo antiguo, era como si en ese punto de la gran urbe, el último recuerdo de lo que en su tiempo fue un pintoresco barrio se resistiese a morir aplastado por la alocada indiferencia de la modernidad.

 Juan tenía una pasión: amaba las flores. No sabía bien por qué, pero sentía que ellas eran la razón de su existencia. Nunca antes se vio a un hombre que tuviese tanta gracia y delicadeza a la hora de cuidar las plantas. Su jardín era único, especial. Todo lo que allí había brillaba. Si alguien tuviese que ejemplificar cómo sería el paraíso, sin dudas mostraría ese jardín. Era la belleza natural llevada a su máxima expresión. Parecía un verdadero cuadro viviente, en donde el color, la armonía y los aromas se daban cita para danzar en unidad. Verlo inspiraba vida. Sin embargo nadie tenía tiempo para presarle atención, pues quienes por allí pasaban iban envueltos en interminables pensamientos que los hacían moverse de manera mecanizada.

Si no fuese porque tenía que afrontar sus compromisos mensuales, Juan nunca se hubiese separado de sus flores. Cada día, al subir al colectivo que lo llevaba a su trabajo, se sentía morir. Su cuerpo se encorvaba. Caminaba como quien se arrastra. Internamente se resistía a ir cada día a escuchar las protestas de aquellos que de paso aprovechaban y descargaban sus frustraciones cotidianas con la excusa de un mal servicio prestado. Sólo lo salvaba el vívido recuerdo de sus resplandecientes flores.

A medida que sus oídos se abarrotaban de quejas, Juan miraba con insistencia su reloj. Contaba cada segundo. No veía la hora de regresar a su jardín. Necesitaba volver a respirar, necesitaba sentirse vivo. En la oficina sus compañeros de trabajo se burlaban de su manera extraña de comportarse, ya que medio minuto antes de que finalizara la jornada, siempre estaba con el abrigo en la mano esperando para marcar la tarjeta que acreditara su labor.

Ni bien ponía un pie en la calle, su cuerpo se erguía, sus músculos se tonificaban y su andar cobraba un vigor nunca visto. Ni el mejor ilusionista hubiese podido hacer semejante transformación. Se lo podía sentir. Era otro hombre, incluso sonreía. Su enérgica actitud despertó sospechas entre sus compañeros de trabajo, al punto de que un día decidieron seguirlo a ver a dónde iba, ya que no podían creer su comportamiento tan extraño.

“¿Debe ir a ver a su amada?” dijo uno con sorna, sabiendo que era un hombre al que le costaba relacionarse. Tamaña sorpresa se llevaron al ver que apareció rápidamente en su jardín -que daba a la calle-, con un mameluco marrón. Como quien llega a un lugar sagrado, muy lentamente se descalzó e inclinó ante a sus flores y una a una las besó. Luego les contó cuánto las había extrañado y comenzó a cantarles, mientras las acariciaba con dulzura. Esos minutos fueron suficientes para que de ahí en más, Juan fuese llamado “el loco de las flores”.

Su vida transcurrió así, envuelta en la rutina para pagar sus deudas y renaciendo cada vez que su día laboral finalizaba. A los ojos de muchos, su paso por el mundo fue intrascendente. Cualquiera podría afirmar que, de haberla tenido, Juan no cumplió con su misión de vida, ya que -en apariencia- no había hecho nada significativo.

Al día siguiente de su muerte, en las los altos estamentos políticos de su ciudad hubo una reunión secreta para determinar si el país iba a la guerra. En medio de muchas discusiones, el presidente pidió que hicieran un receso, pues necesitaba aclarar su mente antes de tomar la decisión final.

Sin que los demás lo supieran, pidió a su chofer que lo llevara a dar un paseo en su coche blindado. Necesitaba reflexionar en soldad. Quiso el destino que en su recorrido el mandatario pasara frente al jardín de Juan. Como quien queda presa de un hechizo, el presidente no pudo quitar la vista de las flores. En una fracción de segundos, al contemplar tanta belleza y armonía tomó conciencia de que la guerra no era la decisión correcta, pues sólo traería más caos y destrucción.

Cuenta la crónica de ese entonces que por asumir una posición no bélica, el presidente recibió el premio nobel de la paz, y su nombre salió en los medios de todo el mundo. Fue el dueño de todos los aplausos y reconocimientos.

Lo que nunca nadie supo fue que el verdadero gestor de la paz fue Juan, quien gracias a su profundo amor por las flores salvó la vida de millones y millones de personas, que de otro modo hubiesen perecido en la guerra.

Centrado en su corazón y desoyendo toda burla, Juan hizo posible que un pedazo de cielo tocara la Tierra. El no recibió distinción alguna ni tampoco cosechó aplausos. Amó las flores y honró la vida. Sin saberlo, cumplió con su misión. Fue uno de los tantos y tantos héroes anónimos que a diario ayudan a co-crear un mundo lleno de paz y armonía.

Nuestra vida a veces es un poco así, como la de Juan, parece no tener sentido. Sin embargo, si escuchamos la voz de nuestro corazón , por más que no lo parezca, de un modo u otro siempre estaremos haciendo nuestra tarea.

No bajes tus brazos. Seguí confiando. Vos también sos Juan.


Por Julio Andrés Pagano

 


Hay en estas palabras una música ancestral que clama que eleves la mirada al cielo y celebres tu sagrada conexión. Este es el crucial momento acordado para reencontrarnos y religarnos, sintiéndonos hermanos, renaciendo como humanos, bajo la cálida luz del Sol. Somos la vivaz expresión consciente que sostiene y propaga la ardiente llama que ilumina y entrelaza corazón con corazón, sincronizando los latidos que manifiestan que hemos triunfado: Venció el amor.

Porque así lo quisimos, porque así lo elegimos, porque así lo sentimos, este es nuestro tiempo de vivir en Unidad. Incontables corazones abriéndose a la luz generaron profundas grietas en el campo vibratorio donde imperó el temor, por eso hoy el amor está impregnando la Tierra. Ya no hay vuelta atrás. Lo hicimos. Nuestro esfuerzo, dedicación y fiel entrega dejaron firmes huellas en el camino de ascensión. Ahora otros recorren esos senderos tomándose de la mano.

Aún queda trabajo. La oscuridad agitará el escenario intentando cerrar todos los canales que vehiculizan la luz. Confiemos. Los puentes que con tanto amor construimos son transitados. Los campos que por amor sembramos, florecieron. Nada ni nadie podrá detener este inmenso  caudal lumínico en donde volvemos a sentirnos en un solo gran corazón. Fuimos convocados a humanizar, fuimos llamados a hermanar, eso fue lo que hicimos. Cumplimos nuestra palabra.

Somos guerreros consagrados a la luz. Estamos de paso. Por amor derribamos muros, abolimos fronteras, liberamos almas prisioneras y quitamos toda bandera que aliente la desunión, para que esta bella vibración que está ingresando al mundo físico circule libremente restituyendo la armonía. No luchamos. Sólo amamos. Vibramos con inmensa pasión. Así transmutamos las energías rastreras que promueven la indiferencia y crean la ilusión de que estamos separados.

Unidos y despiertos auxiliamos y animamos a que otros hermanos se levanten, sanen y se sumen al festejo esplendoroso que en los planos sutiles se está gestando. La mesa ya está servida. El anhelado llamado al gran banquete dorado comenzó. Ingresamos a la fiesta a través de la puerta inmaculada que está situada en el centro de nuestro pecho. Celebremos. Es la hora de reunirnos, vamos camino hacia el Hogar. Lo logramos. Triunfamos. Venció el amor.


Por Julio Andrés Pagano

 


Dame tu mano. Emitiremos una señal. Irradiaremos al universo una bella manifestación de amor que simbolice la transformación vivida. Haremos una ronda, tan grande y tan hermosa, que desde el cielo se verá en la Tierra un potente anillo de increíble luz. En su interior habrá alegría, dulzura, ternura y una maravillosa cuota de esperanza. Será un claro signo de la unión consciente que logramos al vibrar entrelazados. Hagámoslo. Démosle vida a la alianza sagrada.

Hoy sentiremos el inmenso caudal diamantino que despliegan los corazones cuando se abren a la luz y se fusionan en el amor. Con esta poderosa ronda ayudaremos a que el cielo descienda a la Tierra y haremos que nuestra esencia circule por toda la galaxia, liberando una frecuencia pura hacia toda la creación. Este será un acto sublime de alquimia divina que nos ayudará a no olvidar que siempre podremos jugar, danzar, reír y amar, aunque pegue duro la inconsciencia.

Vení. Sumate. Abrí tu corazón. Vestite con tus mejores ropas y sacá a relucir lo más puro de tu interior. Mientras tus ojos se van cerrando, sentirás que el amor rebasa tu alma y comenzarás a girar de la mano de tus hermanos.  Somos cientos, miles. Estamos co-creando un poderoso anillo de luz que se expande hacia arriba, hacia abajo, hacia afuera y hacia adentro. La energía se despliega en todas las dimensiones que aún no podemos percibir. Sentí. Esta es la Unidad.

A medida que giramos activamos nuestra memoria ancestral. Vinimos a servir. Nacimos para amar. Aceptamos encarnar para canalizar la luz de un brillante tiempo que nos permita volar y así animar a que otros despierten, redescubran sus alas y sientan. Hay hermandad en este danzar. Se palpita el intenso fluir de la inocente alegría que nos religa. Reunidos en el amor, abrazados en la fe, formamos un inmenso faro que disipa las tinieblas y restituye la armonía.

Somos luz.  Somos amor. Somos la fuerza que activa la nueva consciencia. Gracias por girar. Gracias por irradiar. Cada vez que así lo sientas, cerrá los ojos, conectá con tu interior y volvé a liberar la gran fortaleza de tu espíritu. Incitá a que otros se animen a vivenciar el enérgico flujo cristalino de este anillo refulgente, que hoy se vio desde el cielo e inundó de amor el universo. Así vamos despertando.  Así estamos ayudando… danzando y celebrando en la alianza sagrada.


Por Julio Andrés Pagano

 


Este mensaje brilla. Contiene la luz del Sol. Sus letras fluyen, como un torrente de esperanza, armonizando en la frecuencia del amor. Cada palabra es proyectada desde otra dimensión para dejar en tu corazón la plena certeza de que estás acompañado. Su enérgica vibración recorrerá  tu interior y sentirás el calor de las almas que hoy se reúnen para honrarte de un modo muy especial. Por humanizar, por alentar, por amar, por no aflojar: Sos aclamado.

Tu espíritu ve más allá de la ilusión y contempla con emoción el amor con que tus pasos son celebrados. Quienes te aplauden por el ímpetu, la constancia y la gran sensibilidad expresada en tu peregrinar, no están en este plano. Saben lo que implica desplazarse en la densidad de la materia, emanando luz, pues también estuvieron presentes en esta milenaria escuela de vida en donde aprendieron a recordar la importancia de amar, alumbrar y religarse en la Unidad.

A medida que se presentan, se va formando una cúpula cristalina en cuyo centro estás parado. Sentí con todo tu cuerpo. Almas sabias, almas ancianas, almas hermanas dirigen cálidamente hacia tu corazón un inmenso caudal de amor que se manifiesta en rayos de diferentes colores, que conforman un sutil y bello arco iris. Cada filamento de luz renueva en tu interior el glorioso poder de la armonía y le devuelve a tus cansadas alas su pureza original para que sigas vuelo.

Volar en un mundo hostil, donde todo tiene su precio y aún gobierna la razón, es un hermoso don que le otorga a tu corazón el fervor necesario para animar a que otros despierten, liberen todo su potencial y nutran la trama que gesta a la nueva humanidad. Tu persistente servicio es valorado, hace de cada mágico instante un fino y pulcro destello que disipa la inconsciencia y recuerda que el amor es el sendero luminoso que conduce al equilibrio y permite vivir en paz.

La Tierra emite un potente llamado. Necesita de más seres humanos que sientan que llegó el tiempo de abrirse y florecer para embellecer el gran jardín de la existencia, por eso hoy fuiste honrado por aquellas almas valerosas que, al igual que vos, vinieron a sembrar y transformar la vida en una obra de arte consciente, consagrada a la luz. No estás solo. Hoy los rayos del Sol te harán sentir acompañado. Por humanizar, por alentar, por amar, por no aflojar: Sos aclamado.


Por Julio Andrés Pagano

 


El pulsar de este mensaje es un refinado espejo donde la luz de tu espíritu se refleja, para que contemples su intenso brillo en medio de la sofocante sensación de agitación y confusión que se apropia de las calles. Ese resplandor está ahí para que recuerdes tu propósito de alumbrar entre las vibraciones densas que se abastecen del miedo para impedir que más corazones se abran y sientan. Seguí brindado apoyo. Encarnaste para iluminar. Auxiliá. Desplegá tus dones.

Movilizarse en espacios caóticos y desarmonizados, donde se respira violencia e inseguridad, a veces hace que olvidemos nuestro propósito de servir, por eso estas diáfanas palabras revelan los destellos de tu esencia para que rememores el noble sentido de tu paso por la Tierra. Estas instancias son decisivas. Aceptamos trabajar para alumbrar la oscuridad de la inconsciencia. Más personas precisan vivenciar que el amor es el camino que libera, sana, eleva y equilibra.

La energía que desde el centro de nuestra galaxia está llegando con mayor celeridad tiene el insondable poder de llevarnos hacia nuestro cielo interno si somos capaces de desacorazarnos y fluir, en vez de resistir y permanecer entre súplicas y lamentos. Somos puentes que enlazan lo mundano y lo divino. Nuestro leal compromiso está en lograr que otros se animen a volar, plasmando en la dimensión física sus anhelos y sentimientos más genuinos. A eso vinimos.

El camino de ascensión es una colosal cruzada que exige no sucumbir. Por eso hoy volverás a levantarte, volverás a empoderarte e irradiarás todavía más. Millones de hombres y mujeres necesitan señales claras y confiables que los impulsen a Ser, para trascender la indiferencia y el desánimo que les dificultan reconocer que el amor es la vía hacia un presente más reluciente, próspero y humano, donde vibremos unidos. Que suene bien alto el cuenco cristalino de tu fe.

Nadie está exento de los golpes y el cansancio, de ahí que estas letras espejen el  fulgor de tu interior para que renueves tu confianza y liberes todo tu potencial. Saben que tenés el temple necesario para  seguir esparciendo la luz de la consciencia. Se te cuida. Se te ama. Se te alienta a continuar. Tu bella maestría es llamada nuevamente al escenario de la vida para activar a los ángeles humanos que aún duermen. Sos asistido. Abrí tus alas. Relumbrá. Desplegá tus dones.

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